lunes, 26 de agosto de 2013

LO UNIVERSALIZABLE DEL SOCIALISMO...



LO UNIVERSALIZABLE EN EL SOCIALISMO (o de cómo respetar ¡también! los distintos socialismos)

Quiero pedir disculpas de antemano, por si la expresión parece demasiado categórica con tanto “debe” o “debería”. Es simplemente mi seguridad con que puede haber hechos universalizables. 

(Se empieza a exponer de acuerdo al proceso económico “general”): la producción, mantenimiento y consumo de los productos (en la mayoría de casos mercancías, en otros: artículos de pleno derecho); que pasa por su venta, compra y transporte a nivel internacional, nacional, etc. –en pocos casos su donación o ayuda desinteresada-; están determinados por formas de dominación de la clase capitalista y/o de alguna burocracia… o bien por formas “liberadas” mayoritariamente socialistas-comunistas, en un sentido moderno.

Esto supone un mundo terriblemente desigual, de contrastes escalofriantes. Una concepción de la economía irresponsable y errónea para el ser humano.

Y, por otra parte, los intentos de los sistemas socialistas de planificar este proceso en las situaciones posteriores a la toma del poder por las clases empobrecidas, dirigidas en la mayoría de los casos por una vanguardia afín al marxismo.

La planificación de la economía, primero para hacer frente a las necesidades de la población –sus reivindicaciones más importantes, incluidas-, junto con la autodefensa. Después, para estar en disposición de hacer acuerdos comerciales no-dependientes, debe pasar por la obtención de una conciencia económica autosuficiente. Esto es la del trabajador organizado en su sindicato de gremio que trabaja en su oficio dedicado  a hacerlo más digno al tiempo que establece lazos igualmente con los de su gremio en otras partes del mundo (adentro de y más allá de las fronteras de ese nuevo sistema socialista), con el objetivo de agilizar la producción, mejorar el producto y formarse en otras técnicas. Es más fácil que haya creatividad cuando uno ve nuevas formas de hacer su trabajo. Si es difícil viajar en pos de esto, habrá que atraer a expertos o trabajadores destacados a dicho país.

La sindicalización de estos trabajadores motivados por la mejora de su trabajo, y por el curso de la economía, deben ser aspirantes a conformar el Partido dirigente de la Revolución. Al mismo tiempo que este partido que dirige, que infundió valor antes, durante y después de la toma del poder; que crea la conciencia de la misión histórica del proletariado, siguiendo en las labores públicas que requiere la administración del Estado; debe ser permeable a las peticiones de los sindicatos sea a nivel nacional, territorial o local. Los sindicalistas deben ser mayoría en cualquier centro de trabajo.

Las formas en que deben socializarse los medios de producción estratégicos, primeramente la Banca, los Trasportes o, para hacerlo más entendible: los Ferrocarriles, los Navíos, los Astilleros, lo que incluiría por extensión la Metalurgia, etc.; debe basarse ante todo en la supresión de los monopolios, ganándole terreno a la gran y mediana burguesía, tomando medidas contra la burocracia, el parasitismo y la competencia entre los trabajadores. La colaboración entre los centros de trabajo más cercanos, así como del mismo gremio, teniendo en cuenta la posibilidad y el valor del autoabastecimiento. Esto no es sólo una solución coyuntural, sino que se debe premiar la independencia de cada centro de trabajo con respecto a las materias primas, herramientas de trabajo, etc.

Toda esta conciencia económica debe ir acompañada de una conciencia política, profundamente democrática, de cuño leninista, en que los trabajadores de toda clase, libres de explotación, puedan elegir a los líderes de su nación, de su centro de trabajo y de su barrio y/o localidad. Los líderes serán completamente revocables si no cumplen sus cometidos. Las competencias de estos líderes o “cargos electos” serán las de legislar: proponiendo leyes-edictos y jugando un papel clave en la Nueva Constitución.

El poder legislativo, el poder judicial y el poder ejecutivo estarán separados y tal separación protegida por las leyes. Los órganos judiciales serán contemplados como la figura del médico o el maestro, independientes de ideologías falseadoras, sólo observarán la verdad y actuarán de acuerdo a unos valores universales de solidaridad y justicia. No valen de nada leyes como “no puedes robar cuatro tomates, cuatro meses de cárcel por cada tomate que has robado”. O es hambre o es morbosidad. Existen criterios valorativos firmes que hacen de unos hechos algo sancionable o punitivo.

El poder ejecutivo debe velar por el cumplimiento de la Nueva Constitución. Si bien el “acto en sí” será llevado a cabo por la Policía o, en su defecto, el Ejército; en definitiva, un órgano de disuasión con capacidad para la advertencia y el arresto. Hasta que no hagan falta más cárceles.

El papel de los “referéndums” será definido en la Constitución y sólo tendrá lugar a petición del poder ejecutivo o legislativo.

El poder ejecutivo estará conformado por amplios sectores de la población (no sólo sindicalistas o miembros del Partido) y admitirá miembros a “petición especial” (como líderes gremiales, barriales, feministas, de la juventud etc., que, por otra parte, podrán ser elegidos sin necesidad de ninguna “petición especial”). La misión del poder ejecutivo es, a grandes rasgos decidir –dirigiendo y dejándose dirigir, al mismo tiempo-, sobre el futuro de la nación. Es imposible definir aquí en que consiste tal “futuro”, desde luego, los puntos clave serán política exterior (diplomacia, acuerdos económicos y de ayuda, etc.) política interior (siempre centrada en la vida, salud y economía del país), emigración/inmigración (cómo se regula) y la vida propia de ese poder ejecutivo, que, una vez redactada la Constitución, promulgada y difundida, podrá absorber sin ninguna “duda democrática” al poder legislativo, en términos parecidos a estos: si ya no hace falta ninguna introducción importante, legislativa-estatutaria, para regir el país, dicho poder podría desembocar en el parasitismo o la burocracia; es por lo tanto, un gasto inútil. El poder legislativo se disuelve –cuando la ocasión lo requiera- y aquellos que legislaron vuelven a sus puestos de trabajo. Es cierto, todavía no se ha hablado de los estatutos, como tampoco de alguna situación especial…

Los gobiernos vecinos capitalistas, aliados con los países imperialistas (si es que no tienes como vecino a una gran potencia imperialista), estarán siempre rondando las nucas como buitres… si ningún “gesto disuasor” lo impide, si se produce una invasión, hará falta formar un Mando Militar con poderes ejecutivos. Soy consciente de la complejidad y de que la estrategia y la táctica militares no son mi fuerte y que, además, es relativamente fácil hablar cuando no se vive “en guerra abierta (declarada)”. Pero se pueden señalar algunos factores que no socavarán ni mermarán la conciencia del pueblo, al tiempo que se preserva la revolución: el anterior poder ejecutivo-legislativo podrá formar parte a modo de observador y consultor. El mando militar deberá confiar –no ciegamente, no a expensas de un posible traidor o una triste delación- en estos otros miembros para las tareas no exclusivamente militares. Mientras que estos no tendrán capacidad decisoria hasta que termine dicha invasión o, hasta que un margen muy elevado de una sesión plenaria del poder ejecutivo anterior, más el Mando Militar, así lo decida.

Las funciones del ejército en “condiciones normales” son las de reclutamiento, entrenamiento y formación –no sólo militar y para nada “belicista”-. En la etapa en que el ejército es profesional, tendrá derecho a elegir a sus propios líderes, pero no podrá optar a los poderes ejecutivo o legislativo, en un máximo a determinar y que, en mi opinión nunca puede exceder del 5% (salvo dobles responsabilidades) por un criterio de representatividad de la población. Los soldados y los mandos tendrán derecho a votar la Nueva Constitución así como otros “referéndums”.

…sería hora ya de hablar de la situación benigna que se debe dar en los centros de enseñanza, en la construcción de la democracia socialista, asegurando la participación en la toma de decisiones por parte de los jóvenes y de todos los implicados en la formación, educación, convivencia, reeducación (formación a mayores, mejora en la profesión, doble o triple titulación, educación especial de distintas edades y problemáticas, readaptación –lo que se podría llamar en otros países “reinserción” y que debe dotarse de nuevo contenido- aculturación y examinación cuando proceda; fomentando dicha participación y toma de decisiones desde muy temprana edad. De acuerdo a la conciencia en el estudiantado, este obtendrá representatividad e irá moldeando, junto a maestros y padres su propia forma de ver la enseñanza y su propia forma de hacer la enseñanza.

Los Hospitales serán administrados y gestionados por gente experta afín a la medicina (AGRADECERÍA AYUDA PARA DESARROLLAR ESTE PUNTO, MIS CONOCIMIENTOS SON MUY INCOMPLETOS). Su financiación estará asegurada, así como la de la enseñanza, por la soberanía del pueblo (esto es, del Estado socialista y/o por donaciones y ayudas populares).

La enfermedad mental así como la inadaptación "simple", será tratada, investigada y resuelta en otro lugar físico, puesto que su problemática es muy otra, de acuerdo a esta ley universal: las personas con patologías crónicas o no, de origen social o congénito serán tratadas según sus necesidades, antes y después de su recuperación. Es responsabilidad del Estado socialista –de su administración igualmente- proveer medios para que se investigue sobre patologías sin solución actual o de difícil curación.

El lugar para la resolución de las patologías mentales y de inadaptación, será la clínica pública, que tendrá semejante administración a la del Hospital.

Se define enfermedad mental como el daño y el dolor que uno se infringe a uno mismo o a los demás sin motivo razonable y/o sin conciencia. El enfermo mental y el hecho de enfermar debe ser tratado por los profesionales y el entorno: mientras que el profesional se hace cargo del dolor, para repararlo, con la colaboración del terapeutizado, el entorno debe cuidar el trato respetuoso para que dicha reparación, y recuperación psíquica, se lleve a cabo. En ocasiones los roles se podrán confundir, en este caso es el terapeuta quien tomará medidas, solicitando reuniones conjuntas o por separado, buscando la colaboración entre todos los implicados. También si no se confunden los roles, pero, en este caso, a petición del terapeutizado o con su consentimiento explícito.

La enfermedad mental no es sinónimo de inadaptación, esto es, al medio existente y a la aceptación de uno mismo. Sin embargo la enfermedad mental y la inadaptación de uno u otro signo pueden convivir en la misma persona y en el medio en que se relaciona el afectado. Con la inadaptación, de lo que se trata es de vencer las resistencias que impiden un correcto relacionarse y vencer el miedo a ser como uno desea ser –bien entendido, puesto que todos tenemos cuerpo y necesidad de ser amados, todos tenemos sentimiento e intelecto, etc.-. El enfoque terapéutico, de uno a otro diagnóstico básico, es por lo tanto distinto. Y no bastará en la inadaptación con una sana clarificación, sinceramiento o rebeldía, sino que uno deberá obtener estabilidad en su vida antes de la conclusión de la terapia. Deberá cuidarse y tratarse también una dependencia nada satisfactoria frente al terapeuta, que tendrá en su haber el conocimiento y manejo de la transferencia, de un modo racional no-rígido.

Psiquiatra y psicólogo serán preferentemente, la misma persona, por un motivo no de gasto social, sino muy al contrario: de seguimiento del proceso terapéutico, no habrá así dos personas encargadas de “oír lo mismo” o “oír distinto discurso o nuevas vivencias” que les obliguen a psiquiatra y psicólogo a estar en permanente comunicación. En todo caso, tanto el psiquiatra como el farmacéutico, estarán plenamente formados en los efectos de los componentes alimenticios y medicamentosos que reaccionan en el organismo de una forma u otra. Cuando la situación lo requiera, “Médicos de la Psique” y “Médicos de Hospital” –igualmente los farmacéuticos- actuarán conjuntamente de acuerdo a un protocolo a determinar por cada tipo de situación, diagnóstico, etc.

En cuanto a los derechos sexuales y de género –cabe decir que debe haber otra conciencia equiparable en importancia a las anteriores, y que puede dotarse de un órgano de difusión importante en las Organizaciones de Mujeres así como en el gremio de investigadores científicos-, se agilizará el divorcio y se crearán mecanismos para la convivencia con los hijos, en caso de haber.

Las Organizaciones de Mujeres y el feminismo de clase, velarán por el reparto de las tareas domésticas en el ámbito familiar, y la incorporación de esta, de pleno derecho, a las tareas de producción en las fábricas, cosechas, etc. La cuestión de la “discriminación positiva” debe ser llevada a cabo, únicamente cuando las mujeres honestamente así lo consideren, es decir, siempre y cuando dicha discriminación positiva, sirva de reparo por una injusticia histórica, en el plano personal o colectivo. Esto alcanza desde el reconocimiento póstumo, hasta la incorporación de la(s) compañera(s) afectada(s) en el puesto merecido, a todos los niveles.

Se legalizará la unión libre entre homosexuales y se defenderá su libre expresión, asegurando y protegiendo su reunión y su participación en todo lo concerniente a las actividades de la nueva sociedad.

Se crearán espacios al aire libre para las madres y sus bebés en estado de lactancia, así como se asegurará un parto seguro y más indoloro. Se crearán ayudas para madres no casamenteras, así como para padres (también mujer y mujer, varón y varón, pero preservando el contacto primerizo con la madre u eventual “atetada”) que por alguna circunstancia vean “complicada” la educación de sus hijos. Se respetarán tanto en la escuela como en el “dominio familiar” las diferentes fases corporales y psíquicas, también en su relacionarse más allá de la escuela o la familia, que el niño y el adolescente experimenta. Para ello se crearán centros de prevención de las patologías mentales y de  inadaptación, cuyo lugar físico NO deberá ser compartido con las clínicas públicas, pese a que los profesionales sean los mismos o colaboren entre sí, como marca el derecho del investigador científico, que al mismo tiempo puede ser terapeuta. La asistencia a estos centros será totalmente voluntaria.

Se abrirán otros centros para alcohólicos y otros drogodependientes. Sin criminalizar su problemática y sin llevar a cabo ninguna campaña demagógica contra el uso de determinadas sustancias. Se lucha contra el abuso y contra sustancias tremendamente tóxicas y de “enganche” (o “cuelgue”, más bien). También contra el comercio de estas. El trato que dé una nación a sustancias como el café, el tabaco, alcoholes blandos, la marihuana –el orden es deliberado- debe relativizarse de acuerdo a factores como la edad, la cantidad y calidad y la utilización personal. Si bien el “mundillo de las drogas”, en los países capitalistas con una gran tasa de paro aboca a muchos sectores de la población a la dependencia abusiva de alguna sustancia, no debe darse en el socialismo si se toman precauciones, entre ellas campañas de información entre los jóvenes y evitación de la entrada de algunas sustancias altamente degradantes en el país –como heroína, éxtasis, speed, cocaína, etc.-

El derecho a la compañía, a una vejez y una muerte digna es igualmente importante. No podemos permitir que aquellos que nos dieron la vida y parte de su experiencia, vivan al margen, semi-recluidos en Residencias para Mayores. Pongamos medios.

Trataré ahora un tema delicado y es el de la caracterización del Estado socialista. Este se compone de una policía residual, el Ejército a efectos de defensa y solidaridad internacionalista; el Partido y las demás organizaciones que velan por la revolución y sus conquistas, a modo de soporte ideológico, esto es: como poder de propaganda periodística y de formación de cuadros a distintos niveles. Las organizaciones principales serán el Partido, los Sindicatos de Gremio, las Organizaciones de Mujeres y la Juventud. Esto no elimina la independencia del periodista profesional, ni que, honradamente, uno de tales periodistas pertenezca a alguna de las organizaciones señaladas. Los cargos de dichas organizaciones serán públicos, así como sus militantes y afiliados, cuando se estime oportuno.

El Estado socialista estará dotado de un órgano administrativo que supervisará la gestión de cada centro de trabajo, primero a nivel local y después a nivel nacional. Este órgano administrativo estará conformado por profesionales especialistas con un carácter ético insobornable. Serán elegidos no sólo por formación y examinación curricular, sino, además por un Jurado Independiente conformado por miembros del Partido, de los Sindicatos de Gremio, las Organizaciones de Mujeres y la Juventud, que a su vez tendrán formación o dotación profesional anterior. Se trata de prevenir no sólo la burocracia sino el parasitismo y desviación de ingresos, que, por otra parte, pertenecen al pueblo y no exactamente al Estado. El Estado en esto sólo debe ser un mediador y supervisor de que se cumplen las leyes, especialmente en el ámbito económico de recaudación y gasto.
Es cierto, haría falta definir “ingreso”: el pueblo ingresa colectivamente bienestar y progreso, no sólo el salario interprofesional o algún tipo de prima.

Sabemos que es la administración local o nacional, y no ningún capataz el encargado de entregarnos “en mano” lo acordado por nuestra fuerza de trabajo. Esto, lejos de ser una formalidad, elimina el peligro de intimidación por parte de posibles caciques o “jefecillos de fábrica”. En fin, no es el Estado socialista, tal y como aquí se entiende –siento si contradigo alguna tesis “marxista”-, el encargado de negociar con los trabajadores un aumento del sueldo o mejores condiciones de trabajo, sino que corresponde a la soberanía popular y, si se me permite, también a la “sabiduría popular” –he cometido un lapsus, y este no pienso desperdiciarlo-: esta se ha definido antes como el poder ejecutivo o, en su defecto, si los trabajadores lo reclaman, el Partido; que en este caso debería ser un partido numerosísimo, con amplia popularidad como para ejercer “tal peso ejecutivo”.

La cuestión del Estado, no queda aquí resuelta: es cierto, el Estado reprime, tiene un peso ideológico –insustituible en el socialismo, que obtendrá nuevas formas no-estatales, en el paso al comunismo-, administra de una forma u otra y es cierto que la administración tiene un fuerte componente ideológico, en tanto la deben conformar cuadros especializados, primero de las Organizaciones Revolucionarias, poco a poco, independientes pero igualmente “rojos” que sean capaces de ver, en ocasiones difíciles y angustiosas, la diferencia entre el Caudillo y el “jefecillo de fábrica”, del trabajador honesto.

Todas estas cuestiones las sabemos comunes a los distintos socialismos. Pero habría que añadir con igual importancia el aspecto "ecológico"...intuyo toda la importancia que puede revestir y me he autoimpuesto el objetivo de formarme al respecto: quizás para quien quiera correr a estudiar sea loable recomendar la lectura de Jorge Riechmann

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