jueves, 10 de enero de 2013

A UNA FUTURA NOVIA

debes saber, mi futura novia, que me alimento
con jeringuillas de biones expansivos
y que deberás poner mucha miel en ellos
para que yo no note el sabor a quemado
de esta vida que me surge a tu encuentro
como un poema sueño-paradógico
de alas, para tu sangre de Centauros.

Si consigues atrapar la ardilla
de los días normales
ofrecerle mis genitales
y sentirte saciada de lactante a ébano;
también si sostienes mi bandera
de cuernos atrapados en un toro apátrida
para salir de divagaciones y olé
¿bastaría soplar esos abuelitos
que con gallatos sobre el aire
quieren asemejarse a esas montañas
desnatadas, sin fecha de caducidad?
¿bastaría decirte "mujer"?

sábado, 5 de enero de 2013

SALUD MENTAL EN TANTO ADAPTACIÓN



Salud Mental como indicativo de la adaptabilidad de un individuo o colectivo a una situación prolongada (laboral, familiar y de recreo/ociosa)

Adaptabilidad: responsabilidad ajustada, ritmo, disciplina, flexibilidad, aspecto reivindicativo, tiempo invertido en re-crear las situaciones ya sean gozosas o displacenteras (Obsesiones positivas y negativas), tiempo y calidad invertida en descansar; 

aprendizaje satisfactorio como cualidad inherente a las conductas adaptativas: la puesta en practica del aprendizaje podrá ser llevada con +o- seguridad dependiendo de la claridad de ideas, de la motivación y de la amplitud de los conocimientos, así como la capacidad de concentrarse (que incluye, paradójicamente, cierta "dispersión", como recurso en el relacionar unas cosas con otras: para sacar conclusiones, si bien estas conclusiones serán más transparentes conforme uno se va "centrado"). También si uno pierde o va perdiendo su timidez...

Responsabilidad: compromiso de cumplir las normas y hábitos impuestos Ó consensuados de “la” institución,..

Ritmo: relajado/intenso, constante/a intervalos, soportable/insoportable (estresante) ¡y! la combinatoria de estas

Disciplina: para aquellos que además de cumplir tienen algún compromiso extra, o un cargo, o tienen que rendir cuentas acerca del trabajo realizado

Flexibilidad: pequeños favores de “la” institución con el fin de aliviar alguna carga o bien conquistas arrancadas a “ésta”. También, poder de cambio del proceso laboral por parte del conjunto de trabajadores y usuarios de todo tipo

Aspecto reivindicativo: actitud no-conservadora, sino más bien creativa (creadora) que impide la violación de los derechos o el aumento de las injusticias..

Obsesiones positivas y negativas: en primer lugar algo tan sencillo como llevarse un buen recuerdo y en el segundo, como consecuencia, no poder desconectar -tomado de la expresión coloquial- de tu tarea/trabajo

Tiempo... invertido en descansar: no tanto si es duradero como si es aprovechado, aunque un mínimo de ocho horas es más que recomendable. El número de éstas puede variar de una persona a otra

Preguntas que nos podemos plantear a raíz de estos criterios valorativos de la salud mental tanto de un colectivo como del individuo. En primer lugar algo muy sencillo: ¿no existen más criterios para valorar dicha salud que la capacidad de trabajar, de dar la talla en un sistema en el que no se nos promete otra cosa que la (sobre-)explotación, ahora teñida con la excusa de una crisis que es propia de una estructura social clasista como es el capitalismo? Y sin embargo, la gran mayoría de diagnosticados con “enfermedad mental” han dado el callo de muy diversas formas, siguen ocupados en sus pequeñas labores pagadas y no-pagadas, protegidos por este estado, al amparo de sus familias o sin nada de lo anterior (el estado, antes llamado de “bienestar”, si es que alguna vez lo ha sido para la mayoría, ahora nos suena si cabe más hipócrita. Siento si mezclo cosas, pero “este estado” no causa sino malestar, indignación y muchos cabreos… ¡que todavía no sabemos cómo canalizar!). No se trata tampoco de fomentar ninguna “inadaptación revolucionaria”, algo que sería muy de desear si efectivamente hubiese posibilidad de lograr alguna revolución siendo inadaptados. No es igual la adaptación al sometimiento, y si cabe alguna duda semántica, podríamos hablar de adaptación activa (creativa y destructora, al mismo tiempo).

El amor es otro criterio, y quizás el más importante. Tómese en el sentido más amplio de la palabra: como los sentimientos de compañerismo que te unen a otra persona, o a un grupo de amigos, etc.; el homoerotismo es amor, el amor por uno mismo es amor, el amor sin sexo es amor, aunque no sea “lo más deseable”… ¿se podría decir que hay un amor insano? Propiamente esto no es así: hay relaciones donde aparece también el odio o formas muy negadoras de una afectividad y emotividad sanas-normales, o relaciones frustrantes donde uno debe tomar alguna decisión complicada, que no le convence del todo. Una cosa es la madurez y otra el amor, aunque sin duda con la primera, las relaciones se esclarecerán más rápidamente: la experiencia te ayudará a ver dónde no vas a obtener respuesta a tus deseos y con quién va a ser más fácil. Pero como “el amor no existe separado del mundo, del resto de las cosas” uno siempre deberá estar preparado para la soledad, asegurar sus mejores amistades e incluso “una familia que no le hace mucha gracia” (esto no pretende ser autobiográfico: al parecer es algo muy extendido…). Incluso a través del sólo recuerdo, un amor grande te hará ser más valiente y seguro en tus opciones, en tus caminares.

¿Basta con amar y trabajar/estar “ocupado”, para ser una persona sana?, ¿y de qué valdría decir que sí si hay personas incapaces de amar y trabajar con inmenso poder y dinero (¡algunos hasta fama!) que nunca aceptarían un diagnóstico por benigno que fuera?, ¿de qué valdría si hay muchos hombres tristemente fracasados, indefensos ante un despido que no pueden recurrir a ninguna amistad para solventar su estado anímico y su falta de recursos económicos (y eso les lleva al suicidio, o les diagnostican depresión –por sus ideas suicidas, obviamente)?, ¿no es en estos dos casos la sociedad –su modo de producción explotador/clasista- la que está enferma y permite que unos vivan de otros y estos no puedan ser dueños de sus vidas? ¿y si además te has enfrentado a una situación complicada y tus relaciones personales y tu trabajo (u ocupación) se han visto lastimados, aceptarías un diagnóstico para toda la vida (tenga este sentido o no), estando al cuidado de tu familia u hospitalizado… aceptarías un regreso a “tu normalidad”, si hay posibilidad de que te den una pensión y/o cobres el paro? Explico la(s) última pregunta: ¿quién decide quién está enfermo y para qué?
Evidentemente, esto lo valora un psiquiatra. Si has consumido alguna droga, si eres joven de edad, si eres una persona especialmente autónoma (o con aspiraciones de serlo) , si tienes padres que desconfían de ti, si no sabes explicarte/defenderte/mentir ante él, si no puedes continuar tu vida “con normalidad” (puesto que esta sociedad no tiene recursos humanitarios para "tamañas personas"), si simplemente no tiene más pacientes y necesita el dinero u ocupar horas. Este es el perfil, por un motivo u otro, de los diagnosticados con enfermedad mental. ¿Es tan sólo una coincidencia? Esta vez no es una pregunta retórica...

Dicho así pudiera parecer que “no hay enfermos mentales”, o que en todo caso es algo puntual, o de amos del mundo y de trabajadores despedidos. Ahora por lo visto se matiza y se dice que “hay personas con enfermedad mental”. Sí, es un matiz que permitiría decir: “que también tienen un grado de salud (mental) importante”… ¿no se podría cuestionar –y perdónenme si todavía creo que vivo en una democracia- el grado de salud de los psiquiatras y demás trabajadores psi? De verdad que lo pregunto aunque sé la respuesta: cuestionar la salud mental de cualquier persona suele ser algo embarazoso, quiero decir de las personas normales que tienen como mucho algún mal recuerdo, tienen un agradable hogar, o una pareja con la que disfrutan, o una pasión que realizar… ¡imagínense cómo puede reaccionar uno de estos profesionales! Por una sencilla razón: son expertos en el tema, o al menos les acredita un título. O por otra sencilla razón: si tienen el suficiente poder como para joderte la vida, lo harán, sean sádicos, vengativos o con un sentido de la autoridad y de la disciplina muy agudizado… en fin, hablar de salud mental, es complicado para los que nos estrujamos precisamente “la mente”, en definir tal: tus ideas, tus imaginaciones, tus dudas ¡creo que todo esto es algo mental!, se vuelque o no se vuelque en el mundo. Pero resulta que esto no soluciona nada de por sí se aplique a lo erótico y lo laboral, al menos si se hace de forma mecánica o abstracta. Quiero decir: ¿el amor es algo mental? Sí, en tanto tenemos una idea de una persona concreta a la que amamos; sí en tanto imaginamos cosas que hacer con esta y también en tanto dudamos, en muchos sentidos (no equiparo “dudar” con “tener inseguridad”). ¿El trabajo es algo mental?: ¿no pensamos en lo que hacemos en el momento de hacerlo e incluso después?, ¿no ideamos formas de mejorar nuestro trabajo o de hacerlo más liviano?, ¿no dudamos acerca de nuevos procederes en éste?

¿Y no puede haber ideas, imaginaciones y dudas enfermas? Se habla de que determinadas “formas de pensar” rebasan un límite que es por el que las personas enferman. Es cierto siempre y cuando aquel que haya enfermado tenga la patria potestad de no dejarse mentir (no creen que NO mentirse a un mismo es más complicado, pero al mismo tiempo menos cruel… ¡piénsenlo!, profanadores del inconsciente que repiten “sus” verdades acerca de “los enfermos”, ¡sin admitir las que nosotros les decimos… ¿QUÉ IGUALDAD HAY AQUÍ EN EL TRATO?). Hablo de que ningún profesional psi, por muy diferente que sea, por muy en desacuerdo que esté con “su paciente”, no puede/no debe manipular sus recuerdos: su inconsciente, para justificar una terapia, una visita a su consulta o un internamiento. Cuando hablo de no dejarse mentir, hablo también en un sentido ético, de reconocimiento de uno mismo en el hecho que no es necesario el exceso/abuso de medicamentos y que cada cual puede pensar lo que quiera acerca de su diagnóstico. Al fin y al cabo, si se trata de diagnósticos, la experiencia conjunta de los usuarios de Salud Mental (véase también Psiquiatrizados) nos dice que suele ser algo bastante arbitrario o en todo caso muy provisional, que en la práctica justifica recetas tanto medicamentosas como de trato inhumano.

De nuevo: ¿alguna idea enferma? Se entiende: un deseo que te haga ser alguien incapaz para convivir. ¿Alguna imaginación enferma? Una representación sea onírica o fantasiosa que te impida convivir. ¿Alguna duda enferma? Cosas que no sabes si existen o son imposibles de realizar por ti y que te mantienen obcecado en tales pensamientos… ¡luego, es difícil convivir contigo!...pero... ¿quién es maestro en convivir? Yo diría que pocas personas o nadie directamente: siempre hay incompatibilidades. Pero no me quiero salir del todo del tema… ¿no es de nuevo en el convivir (y en el sin-vivir), donde se fraguan estas mentes no-sanas, o enfermadas o no totalmente sanas? Habría que hablar por lo tanto de la familia, de la institución familiar y de sus estructuras encubiertas: caracteriales y de “exigencia social” (aculturativas, clasistas…). Pero que nadie tire piedras todavía: aquí no se hace “culpable” de enfermedades mentales a la familia de por sí, si no a las familias concretas donde se fraguaron “esas” ideas, imaginaciones y dudas, donde “el que enfermó”, no tuvo otra salida que someterse de algún modo, aceptando y negando COMO PUDO, todo lo que vivió y experimentó en su seno (“aclimatándose a la tempestad”, que decía un cantautor).

Entonces, ¿por qué no adaptarse a situaciones de amor y trabajo gozosos? La pregunta es sencillísima de entender a primera vista. ¿Pero quién tiene la solución? O, mejor dicho: ¿Cuál es la solución a este problema, lo que nos haría a todos indefectiblemente sanos? No se trata aquí únicamente de hablar de un cambio social importantísimo (ahora si cabe más urgente con esta crisis); sino de crear condiciones para que las instituciones llamadas de Salud Mental, tuvieran un papel de prevención únicamente. Esto pasaría por desterrar de una vez por todas el argumento de que las enfermedades mentales tienen un componente genético… ¿en qué lugar del genoma se ha descubierto una tendencia al sobre-flujo de dopamina así como de otros “desencadenantes químicos” que pudieran incidir de forma “enfermiza”? Si se sostiene que la esquizofrenia es genética, ¿por qué la depresión no? Pero no se trata de viciar más algo que está viciado desde hace más de ochenta años, cuando se argumentaba que la esquizofrenia era hereditaria y así esterilizaban a aquellos con tal diagnóstico… ¡qué desfachatez! Nadie puede asegurar que no enfermará de algún tipo de psicosis/esquizofrenia, ante situaciones parecidas a alguien que efectivamente enfermó. No recurran a comprobarlo: si efectivamente hay algo genético… ¡los grandes sementales “enfermos de tal” nos encargaremos de asegurar tal variedad genética! ¡No te digo!

Vuelta a la pregunta: ¿por qué no adaptarse al goce, sin descuidar la organización social (esto es, en su aspecto económico, político y cultural)? ¿Debemos escuchar por más tiempo que el mundo es el que es, sin más? ¿debemos aceptar también sin más una enfermedad que se nos repite como el chorizo de parte de “gente aparentemente sana” que, en todo caso, no hace mucho por cambiar, amparándose en su negatividad pluriforme: “tengo ya mucha edad”, “eso es tuyo, no mío”, “tú si tienes que hacer esfuerzos (yo no)”, etc.

Quizás no se puede exigir a una persona que acepte todo lo que le dices sea o no sea verdad (porque en parte este se tendrá que tomar la molestia de averiguar sus cosas por otro lado), así como que acepte que para acabar con las injusticias no sólo hay que hablarlas, cada vez en tono más alto (aunque ya es algo), sino que además hay que organizarse allí donde palpite la lucha “que más le toca”; puede que no acepte que a grandes problemas, grandes soluciones y el motivo es que esas grandes soluciones, al ser conocidas de soslayo, le proporcionan a quien las vive en un momento dado, eso mismo: una grandeza que dura hasta que algo o alguien hace caer “ese ídolo”, que no pudo ser todavía un gran ideal, consecuente para él/ella. Quizás no puedas lograr que alguien tenga los mismos gustos que tú, siquiera parecidos; pero puedes conquistar a una persona con tu compañía: tus verdades, tus injusticias dichas en voz alta y tu gusto "intransigente"…

MAGNITUD E INTRASCENDENCIA (Y OTROS POEMAS)

MAGNITUD E INTRASCENDENCIA

Me irritan esas sombras que pasan
                 como humanos
y celebran su caída
                 con pescado todos los días
cómo no cae el árbol cuando
        les roba luz y
                  quieren llevar otra bandera
distinta a sus vidas
        qué herida tan sólo les rozó
y dejó allí una excusa para
                   madre
por qué
         sin desesperación ni alegría
callan cuando andan cerca mismas luces
         que inflaman
otros pechos en la noche -se abren como rosas-
                     y no saludan
a la luna AHORA, partir
          como cuando "pequeños" queríamos
trepar esas palabras que tiramos
          al río,
                     osea: piedras.
pero si no brillaban no eran
          como voz de amigo
entonces no vale con sentir
           un mundo que te da la vuelta
y no tiene número
           y lo insignificante -que tampoco tiene número-

¿Y qué vale?

Despertar...
            porque tengo venas para todas
esas sombras con espinas
                        que caen de su propio sueño
donde ningún color se sostiene
             y tan sólo pensar es un acto de destrucción
en que la mímica desaparece
             (Tierra: me abrazas y aúpas, bastardamente
              y yo viajo a tu fría distancia donde todo empieza...)
y vuelve a cubrirse tu cabeza de niños             




Pruebo tu espanto sujeto a las horas de redada
ha salido a molestar un silbido un estupor
como de mitin político en que se pudren
las cabecitas de los nenes.

Bebo de nuevo como en tu miedo
esa miel sucia de huelgas generales
que no acontecen en mi no-país
donde silbido eres tú: bala
y no público en las marchas luminosas
de los trajes del tembleque
dientes-veneno corchos-Detroit.

Como en la película paranoica
en que me sumerjo sin-querer-queriendo
para desviar el poema a tu territorio ajeno
es así: permanezco en el camino
en el libro en el sendero
de la luz más oscura que naciera
de un dios de bromas-risa
y que se silencie a los presentadores
pisen la calle de la injusticia
y sepan entonces del que muere
en la esquina esperando un billete.

¿Entonces? Sólo mirar cómo enriquecido
con titanio de témpera (una ilusión)
para el párpado del mundo
se pregunte una niña sobre cicatrices
que supuran que supuran que supuran...




la dulzura tus labios
la dulzura del diablo
de tu dulzura
que recibo con mal aliento
de escriturador
mientras te secuestro pensamientos
con que ves mi casita
dulzura loca
la cruz también de vuestro amor
trotando en niños
aprenden
cigarrillos de pensión/pasión
(cada una de mis neuronitas 
contiene algo de ti,
aunque NO LO sepas...
quizás me falta la nieve
el triunfo definitivo de la re-volución...)
el salto in-mortal 
hacia A-de-laaante
me falta sin ti sobretodo
la palabra que me chive
algún cornudo de mis/tus
centauros...

cuando brillen sus cuernos
en la soledad de su perdida/encontrada
pasión
sonreiré con más dulzura

dulzura de nuevo yo imploro
rezo aúllo merezco imploro
¡CONVOCO! la tranquila lágrima